lunes, 24 de junio de 2013

Hubo una vez una gran espalda

Incrustado en comillas y encerrado en canciones,
por milenios prostituido en historias con finales,
finales sin puntos suspensivos o vacíos gramaticales,
finales en donde queda en el aire de resignación
un triste y solo punto que olvidó lo que solía ser un gran párrafo
… una gran historia.
Cenas frías, velas desgastadas, una persiana llena de polvo,
un polvo con pequeños universos de pieles y un rollito de vasos sanguíneos,
de tanta sangre, de tanto llanto…
En qué calendario dejó el hombre al amor,
en cuál cenicero consumió su último aliento,
en dónde talló el sepulcro,
necesito encontrarlo, porque absurdamente
cada noche, sueño que está vivo.
Y de qué me sirve contar aún las pecas
de cada pierna, de cada boca,
si al final encontraré una “encomillada” y prostituida espalda,
ninguna como la tuya,
todo un cielo condensado en carne.



martes, 7 de mayo de 2013

Bigotes bajo luna


Para qué quiero yo una cabeza de zorro,
con bigotes, nariz húmeda y ojos pardos.
Para qué aquel disfraz, si se esconde tras las hojas secas
del otoño en el que decidimos amar.
Para qué dejar huella en el pasto encrudecido,
si el tiempo nos hizo viejos y no logramos soñar.
Para qué aullidos, cantos o cacareos
si los tambores de sacrificio sonaron por cada cueva
dejando tras sí sólo piel y huesos.
Para qué la noche crepuscular y la luna en madejas de lana,
si hace mucho que el invierno penetró el alma.
Para qué un zorro?  Si ya nos destrozamos como
dos irreparables caníbales intentando sanar.
Para qué el fanatismo poético,
si el tacto se drenó junto al vino,
en el colapso de las palabras prostitutas y animales.

lunes, 6 de mayo de 2013

Inicio de un cuento


Llovía con dolor, como si el cielo no quisiera continuar arriba, como si deseara despegarse poco a poco y convertirse en mar dulce. Se iluminaban hasta los manteles más oscuros con la sinfonía de relámpagos que acompañaba la transición del inmenso y triste sombrero azul.
Los pájaros caían como hojas secas sobre los carros húmedos, con vidrios nublados de cansancio citadino; las ventanas de las casas morían de ganas por dejar entrar al cielo y que cada habitación se azulara de azúcar, causando gritos despavoridos de sus habitantes, sólo por diversión, porque las ventanas pasan días enteros de aburrimiento y soledad, a excepción de esos en que los cuerpos desnudos salen sin tapujo a fumar uno que otro cigarrillo.
En mitad de la guerra por quién se quedaba con el sombrero azul, Paloma caminaba en medio del ruido, las angustias y los perros sin maullar. Tomó su paraguas y se fundió él.
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jueves, 2 de mayo de 2013

Luego, nada


Alguna vez creí en los sueños,
que se rompen y se sofríen en la lluvia de mañana,
que se comen en la cama y se comparten de boca en boca,
que les  cuesta salir de las cobijas,
y luego de un café oscuro toman un abrigo y salen a fracturar.
Golpes certeros y constantes,
golpes que dejan de doler luego de un tiempo,
cosquilleos molestos jugando a ser espasmos.
Otra vez creí en las circunstancias,
que obedecen a un sistema cíclico,
un tanto pendular,
que van y vienen, como las piernas desnudas
y los torsos eclipsados..
Luego, los sueños y las circunstancias,
no fueron más que alimento,
uno que dejó en mí, aliento a flores muertas,
uno que delató el agujero negro de mi cama.

viernes, 5 de abril de 2013

Retrospectiva absurda


Supongo que nos perdimos en el mismo instante en el que nos conocimos,
para qué mentir, si de eso se ahogó el mundo, y nosotros no fuimos la excepción.
Los cafés se hundieron en una guerra naval histórica, en la que los escritos
fueron banderillas de victoria y las vagas casualidades motivo de idolatría.
Los vasos  todavía contienen los pozos de café y un poco de nostalgia comprimida en colillas,
la ventana ya no es la misma, tampoco yo,
aun así pienso en lo que fuimos, que no fue demasiado,
pero tampoco suficiente.
Cadáveres de besos continúan suspendidos en el aire,
al igual que el adiós jamás pronunciado…
Nos faltó valor, te falló el amor, me sobró soberbia…
El dolor no  frecuentó, porque, a veces, el orgullo es nuestra única arma,
pero el tiempo, los errores, y mis compañías nocturnas traerán a mí el recuerdo
de esa tarde en la que decidimos perdernos juntos, y la mañana en la que los dos encontramos el camino actuando un adiós.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Hermoso corto, gran perspectiva del significado del amor.

Planimetría de los arrepentimientos


Las palabras suenan mejor desnudas, las caricias saben mejor en vodka,
y aun así, vestí de harapos mis poemas y me quedé sobria junto al desván,
esperando que los grillos construyeran el pentagrama que mis dedos y lengua no pudieron crear.
Allí estás, entre el cuarto de San Alejo, las cartas jamás enviadas y las cicatrices del sofá.
Aquí estoy, en el revoloteo de las moscas que no logran entrar, en la tinta que se quedó sin hojas, en la materia que se dispersó tras el colapso de dos cuerpos intentándose amar.
Ahí está ella, entre mi amor y tu cinismo circense, entre las circunstancias absurdas y  tus vacíos celestes, entre los harapos rasgados y el desván hecho mierda.
Y después de todo jamás logré embriagar mis escritos y llegar a ti como esa simple mosca, desnudarme en las piezas del piano y seducirte en él.