martes, 13 de octubre de 2015

Y qué si te aspiro

Y qué si te digo que en mis pestañas tengo alas,
un buen par de alas, que una lechuza en un amanecer
dejó caer de su nido para llegar directamente a mi cama.

Y qué si te digo que de mi manos emanan
cadenas fluviales, con veleros que nadie conduce.

Y qué si te digo que en otoño las hojas se enredan en mi pelo,
se tiñe de marrón y naranjas satinados,
un día más enmarañado que otro.

Y qué si te digo que en las mañanas
el sol corta como hermosos diamantes
que desangran, muertes ornamentadas,
dolores que destellan, muchos deslumbrados por el brillo,
yo, por la sangre.

Y qué si te digo que en las noches
juego origami a muerte entre mi pelo y la almohada,
entre mis pies y las sábanas,
entre mis rodillas y la penumbra,
entre mis tobillos y un par de omoplatos.

Y qué si te digo que hay escarcha en mi alma,
blanca por el frío, no por lo clara…

Y qué si te digo que hay días de armonías fascinantes,
y otros, de silencios cómplices…

Y qué si juego a enredarte en mi pelo,
y de repente hacerte una figura de papel
y echarte a rodar en el edredón,
cortarnos en diamantes y volver al nido,
donde todo inició.


Ilustración de: Benze

domingo, 11 de octubre de 2015

Historias de estación I

La primavera olvidó traer consigo sus colores,
¿Dónde están los magentas, verdes y rojos?
Solo consigo respirar en blanco y negro,
unos días más aguados que otros,
una rutina líquida que gotea entre mis manos,
que aún no logro moldear.

El cielo aquí corre de prisa,
las ventanas golpean con más fuerza,
los azulejos de las calles atrapan, consumen,
sonrío con la magia de sus árboles,
unos de algodón, otros en rosa, como un cliché cinematográfico.

Este lugar huele a libros viejos, a una librería en días de calor,
a un lienzo no vendido en la subasta,
a actuaciones estelares sin espectador.

La verdad es que sonrío aquí,
con el dolor a cuestas que olvidé vaciar antes de partir,
con la primavera que se resiste a salir.

Quise dibujarlo para ti,
llenar de tierra mis manos
seducirte un poco y susurrarte
una rutina casi absurda, casi ambigua,
caminar por las grietas de los azulejos,
perdernos en los aromas de la vejez,
recostarnos en las escamas de estos árboles,
y ser primavera tú y yo,
pintarte flores en la espalda, matizarnos en jardines vecinos.

Quise, lo recreé aquí dentro,
mientras jugué a ser un nosotros,
jugaste a ser un gran escritor,
un relator de magnas historias,
un arquitecto de sonrisas en vigas de cartón,
jugué a creerte y tú a ordenar palabras,
así que se vino abajo la partida,
no me agrada jugar en estaciones imaginarias.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Extraño te extraño tras la galaxia

Lienzo blanco
lienzo y manchas
un blanco manchado de lienzos insurrectos.
Pecas de espalda
dedos blancos que añoran manchas
labios con manchas lamiendo pecas.
Lienzos blancos en noches como esta
mientras mis manchas se mantienen en la boca que antes besabas
y tus pecas en la espalda, que ciclos lunares atrás yo respiraba.

martes, 23 de junio de 2015

Mientras duermes

Un roce tibio en la mano,
una tímida e insegura caricia,
una tibia inhalación en mi cuello,
y un suspiro con sabor a canción,
pero no la tonada triste que tarareábamos
en días pasados de piernas llenas
y espaldas vacías,
con la que los viejos lloran en las tabernas,
mientras fuman recuerdos y ausencias.

Canto en las noches, mientras duermes,
invento historias en noticas que pego en tu frente,
las doblo hasta convertirlas en figuras navegables
en tu lengua de marea alta y en tus yemas de agua,
son retóricas que jamás dirás, tampoco yo,
porque no las sientes, porque juego a no sentirte,
a pesar de invadir mis sueños,
no eres nada, pero te siento como todo.

      Imagen tomada de Talenthouse


jueves, 18 de junio de 2015

Hipotérmica

Los escalofríos se vuelven recurrentes,
los días cada vez más atestados de bruma,
las noches parecen una trinchera,
amanece y debo cerciorarme si aún sigo en guerra.

Para qué molestarme en alzar la vista,
si ya sé lo que encontraré.

Un techo se desmorona
en diminutos cadáveres de rocío,
mientras desciende la temperatura.

Los músculos no reaccionan,
mi cuerpo se asemeja más a un erizo
con centro de flan, neutro y aguado.

Baja un grado, dos, tres, cuatro, cinco putos,
seis, arden las yemas de los dedos y las plantas de los pies,
siete, se borran las pecas de mis labios, se tornan violeta,
[oh violeta de mis entrañas, de mis hematomas de transeúnte torpe],
ocho, de escalofríos a convulsiones,
nueve, mi nariz juguetea con mis dedos a cinco metros de distancia,
diez, auroras se despliegan de mis pulmones…
Mierda, ya estoy muerta, bajo capas de hielo y un sueño anímico.


Ilustración tomada de Talenthouse.

lunes, 8 de junio de 2015

Mantener distancias

A esconder servilletas y tinta,
palabras dulces y escritos inapropiados,
caricias a destiempo, noches de horas continuas,
sonrisas espontaneas, y por supuesto, distancias reducidas.
No se te ocurra por un momento insinuar qué sientes, o sueñas.
Se me ha prohibido sentir.
Es hora de la armadura, porque en este mundo
no tenemos cabida los corazones diferentes.

Solo debo sonreír y esconder el cosmos bajo una ojera,
tirar a la mierda la magia octagonal, mirar al cielo,
y alojarme allí, en lo alto del azul petróleo.

Donde un beso de pestañas y un abrazo de lenguas
sean más que el primer acto de unas sábanas,
donde alguien que navegue en la misma marea,
vea más allá de la desnudes de un cuerpo
y se arriesgue a explorar y recorrer
por la desnudes de un alma.


viernes, 5 de junio de 2015

Mi revolución

Construí con mis manos rasgadas de tierras áridas:
Montañas de colores ridículos,
arroyos de santidad no dogmática,
un cuartico de azucenas marineras y
un corazón tejido de trocitos y ratos,
ratos bienvenidos, ratos forzados,
ratos de ratos.

Una trinchera de luceros, que brilla cada noche
en el cielo al que esbocé,
tras saltos en paracaídas
sin razones ni leyes físicas.

Y  me marché dejando atrás
caminitos de pintura,
buscando amor,
oliendo esquinas,
bailando sobre dolor,
durmiendo en despedidas.

Mientras, afuera, figuras de agua
desaparecían encerradas en peceras.
Inhalé, arranqué sudores
y seguí buscando,
no importa a quién o qué.

Fotografía de Aneta Ivanova