viernes, 22 de abril de 2016

Costillas y un recital

Tiempo detenido en un espacio
espacio creado en el contorno de las costillas
costillas encajadas en un cuerpo de luz
luz que brilló en ese preciso espacio y tiempo
en el que las costillas susurraron adiós.

Sé que gritaron amor,
notas que las bocas no lograron parir,
jamás fuimos de palabras en compañía,
prefería pintar tu ombligo con mandalas
mientras mezclabas los dalís,
a fin de cuentas, el elefante de tu brazo
siempre prefirió dormir bajo la flor de mi espalda.

Tu ronca voz retumba acá dentro
y recuerdo la guitarra que no aprendí a abrazar.

Caminamos sobre la línea,
tú seguiste en ella, yo caí dentro,
un giro al sol y es hora de salir,
porque acá dentro es muy frío cuando se está solo,
nuestras costillas gritaron, se aferraron, se tatuaron...
no lograste cruzar y astillaste una que otra.

domingo, 6 de marzo de 2016

He dejado de leerte

Tus palabras no riman más en mi cabeza
el pájaro dejó de cantar a la misma hora
y mis ojos agobiados dejaron de seguir tus líneas.

Tus monólogos ya no acompañan mis cafés nocturnos
y allí en donde abandoné tu historia
las palabras fueron insuficientes para atarme.

Los cantos de los monasterios
me son ahora más atractivos que lo que guardas por contar.

Veo por mi ventana y las gotas golpean con dureza,
es domingo y pesan días de atrás,
pero, aun así, no busco la calidez de tus sonetos,
que más que eso eran himnos, cantos a la sobreactuación.

No hablemos de perdones, ni rencores,
esta pequeña estrofa no ahumará mi corazón,
es solo que he dejado de leerte,
y viajaré por otras líneas, otros mares,
en donde tu puño en tinta no me obligará a zarpar.

domingo, 21 de febrero de 2016

Noches cebra

Aún tiemblan mis manos,
el contorno de mis rodillas
aún es cal
tan blanca y volátil
que solo tus fuentes logran despertar.

Soy greda, tibia y suave,
haz de mí tu torno,
moldéanos, seamos uno
en este grito palpable al soñar,
creemos nacientes de agua
que den vida tras su canal.

Acércate, quiero volverte a respirar,
sonrójame, mientras se rasgan aún más tus ojos
y yo beso tu barba color cal,

sábado, 20 de febrero de 2016

La semilla que crece en mí

Toqué la espuma que nace del mar,
quebré las olas con mis pasos,
y de nuevo volví a estar ausente.

Subí a una casita de madera
grité al espíritu verde
por unas raíces que me sostengan,
por unas alas que eleven mi canto,
por la semilla que crece en mí,
para que llegue a mi alma
y me permita fluir.

Ya no soporto esta existencia en blanco,
mi espíritu verde, guíame,
persigo a la magia de la creación,
anhelo llegar a tu matiz,
despertar y encontrar mi libertad.

Tengo sed de desgranarme en ti,
ser tierra y pintar el fin,
pero antes, mi espíritu,
mueve mis aguas y permíteme sentir,
Límpiame y devélame
para qué existir.



jueves, 28 de enero de 2016

Pos anonimato

Han pasado los días,
has dibujado en mí 156 sonrisas,
32 espirales con tus dedos
y un par de letras.

Tus besos llegaron en medio de las olas
ondulaciones de lágrimas de sombras
y ridículas historias.

Allí me encontraste,
en el vacío del desconocido,
en mitad de los corredores,
en las esquinas en las que me ocultaba.

Supongo que fue la magia de mis ojeras,
esas a las que ruborizas cada mañana
y que te hicieron saltar del risco.

Llegaste a la hora precisa
con el té indicado,
sonreíste y entendí que allí debía estar,
navegando en tu lengua rosa
y contemplando tus pupilas color mar.

miércoles, 27 de enero de 2016

El olvido del homo sapiens sapiens

Finales tristes
despedidas moribundas
con dolores imposibles de cargar
y con llantos insostenibles.

Y allí estamos, como unas varas de bambú
huecos dentro y destilando agua cuesta abajo.

El aire falta, y dentro se siente como una pared con humedad
que se desgrana poco a poco, que se agrieta con cada paso.
¿Cuántas veces hemos sentido la muerte en un adiós?
¿Cuántas veces hemos prometido no recaer en este vicio?

Pero aquí estamos de nuevo,
en el cierre de este ciclo,
un ciclo llamado amor,
un amor que parecía el real,
una realidad vivida en mitad de un sueño.

Siempre olvidamos que los sueños mueren
y que las promesas se desprenden como las pestañas.

Hay quienes olvidan tan fugaz como la vida de un efemeróptero,
hay quienes lo hacen a la par del nacimiento de un diamante,
pero, sin importar los números de noches,
los decibeles y reproducciones de nostálgicas canciones,
los escritos, los espacios prostitutos y los rezagos,
todos, en algún momento olvidamos y somos olvidados.

Y es que en la vida
‘todos pasamos…
todos somos amados…
todos nos convencemos de ser reales’…
Pero no existe verdad más cercana que el olvido.

Rama de un escrito propio de años atrás ¿Cómo ama el homo sapiens sapiens?

Imagen de Michal Zahornacky

domingo, 17 de enero de 2016

La inocencia del sadismo

Frente al fuego quemaba cada contorno de sus uñas, sus gritos se perdían entre el canto del viento que pegaba fuerte en la copa de los árboles, hojas en figuras triangulares danzaban en mitad de los sollozos y un aroma a madera seca y jazmín.

Lejos de un ritual de santería, aquella escena dibujaba un alto, un intento de vivir.

Ya era costumbre para ella jugar al desfibrilador, pero, como cada día, falló. Se tiró al suelo, cerca de una fractura de la tierra causada por las venas de una vieja jacaranda, escarbó y por un huequito las tocó con el dedo pulgar; fue difícil a causa del vendaje, consecuencia del día anterior en el que intentó hacer una cama con ventanales de una casa abandonada en las afueras de la ciudad.

Su piel rozó la sangre de aquel árbol, allí entendió que no iba a dejar jamás de intentar escuchar de nuevo los latidos de aquel músculo que se interpone entre las costillas, en donde ahora solo sentía cal, solo que ya era tiempo de abandonar al dolor como croquis, pues la belleza y perfección de un árbol lila le dio la respuesta: para sentirse vivo no solo es necesario recordar que no se está muerto.

(Parte de una creación propia de cuentos cortos, en proceso de un diseño digital).