miércoles, 21 de noviembre de 2012

Normalidad Barata


Cómo inclinar al péndulo que desprende de su vientre,
quebrar poco a poco la inutilidad que yace entre sus cienes,
y así, lograr una muerte casi perfecta, casi húmeda y cercana.
Las intersecciones de aquel lenguaje insulso,
extraviaron su locura, confundieron a su sombra,
irrumpieron en las extremidades de su resurrección tardía.
Selladas quedaron las notas mudas que yacían en la máscara corpórea,
Una que solía descender en cada inhalación de normalidad barata,
cuando la transeúnte perdida, inspirada en las sonrisas difusas de la sociedad,
caía perdida en medio de sus cavernas.
Normalidad barata que desmiembra y encrudece,
Secta irracional masificada,
Veneno que desciende como lluvia
y quema como cal,
la arrastraste hasta cegarla,
pero todo nido vuelve al vientre, y por fin, el péndulo se inclinará de nuevo.

martes, 2 de octubre de 2012

Un pastel de moras por favor


Ríos de papel navegan por la corriente de mi alfombra,
esta noche decidí tomarte en mis manos,
hacerte mío y encerrarte bajo el calor de mis ojos.
Tus besos azul violeta vuelan por el aire de mi sala,
recorren cada espacio y saborean cada esquina,
pintan más pecas sobre mi boca...
Se inundan los guarda-escobas  con la tinta,
sigue intacta, como tu voz arrítmica,
o tus pasos de anciano eufórico.
Esta noche deseo un pastel de moras,
uno de tu azul violeta,
uno que tenga pequeños destellos de tiempo,
e impida que se vaya de mí tu recuerdo.
Uno que trace tu diminuto bigote infantil,
y pueda regresar a la inocencia que nadie conoció,
esta noche mis sueños me llevarán a ti,
sin palabras de lamento o una culpa trasfigurada,
porque jamás fui tan cercanamente feliz.

viernes, 28 de septiembre de 2012

En el grifo


El verde grisaceo del aire ha saturado el cuarto,
de vez en cuando enciendo un incienso, pero hoy no basta,
las sabanas continúan en el suelo y las cobijas no son más que montañas.
Las luces en el techo no se pueden apagar, giran y giran hasta confundir a mis pupilas
que terminan en el interior de mis huellas dactilares,
toco y veo, veo y toco, me enceguezco y las luces siguen allí.
Mis cortinas se estremecen de tanta hermosura externa,
mientras yo me pudro junto a esa manzana, amarillenta, igual que yo.
Me he convertido en agua, o al menos algo similar,
no siento nada en mí, solo un recorrido inexacto de grifo a grifo,
incolora, insabora, intangible, incierta, inversa, in… on.
Aprendí a hacer fractales con mis INcoherencias,
pintar paisajes secos también despierta sueños,
así que continuo instalada en el fondo de ese pocillo lleno de café viejo. 

  

jueves, 30 de agosto de 2012

Estacionario


Llueve, como tiene que ser
Las gotas se funden con las cenizas de cigarros muertos, así tiene que ser
Mi espalda se inclina en vertical,
Mis labios resecos se quiebran como cristal callejero,
Mis piernas ajenas al cuerpo,
Así tiene que ser,
Usted en su ventana y yo en la mía.
Las larvas devoran la carne, como tiene que ser
Las bocas se muerden,
La retórica se bota,
Los escalofríos se reservan,
Las flores se saborean,
Los desolados se lamentan,
El pasto seco se cuela en las pantaletas,
Así tiene que ser,
Usted viendo el verano y yo creando el otoño.

sábado, 25 de agosto de 2012

Fin del ciclo distorsionado de un amor

Estaba allí, junto a las ruinas del ferrocarril, mientras yo le veía llorar. Vestía con ese pantalón a cuadros que tanto odié y sus zapatos marrón, tan grandes como las ventanas que solíamos visitar. Sus lágrimas caían tan lento que parecía un film casi poético, sólo que la musa no era yo, sino la mujer que se alejaba a través de la luz insoportable del medio día. Pensé en sonreír, por fin los cuadros se desteñían con la misma sal con la que se borró el color de mi espalda. La sequedad que invadió mis manos durante tanto tiempo se volvió casi desértica, ese patético cuadro no calmó nada, ni siquiera los lobos hambrientos  de mi sala. El cielo inició su fiesta de disfraces, el vestido naranja cayó sobre su rostro inerte. Estaba inmóvil, por un momento creí que había muerto, pero los cadáveres no lloran con frecuencia, tal vez en las madrugadas, pero nunca en la tarde con el ruido lejano de los cuervos. Sus ojos parecían mapas, con delgadas líneas que resaltaban lo rojizo de sus párpados. Temblaba, no de frío, el vacío también hace vibrar los huesos. Sostenía aún el libro sin cubierta en donde guardó la esencia de cada mujer que desnudó, la inocencia de su primer amor, la locura roquera de su quinta o tal vez décima víctima, y por supuesto, mi poesía. Era una hoja en blanco, insípida y común, que decidió pintar con la sangre de otros. Su cuerpo comenzó a endurecerse, y sus brazos se llenaron de hojas, cuando bajó la vista los pies ya habían pactado con la tierra, él ahora era un árbol, que yacía junto a mí, en el bosque del desamor. Todo había terminado, así que tomé la página de su libro y volví a la ciudad, tras largos meses de soledad.


martes, 7 de agosto de 2012

Marcha nocturna


La humedad llegó hasta el techo,
Ahora puedo imaginar figuras de moho: ahí va el paisaje, se deshizo la lechuza…
Los girasoles también mueren en el día, al igual que las bocas,
Las líneas en curva forman bocas, en corazón, en veneno, en hiedra…
Los elefantes deben tener una gran boca, al igual que las iguanas,
Debería besarlas, pero el techo aún sigue húmedo.
Las camas pueden marchar unas tras otras,
Mientras la cabeza gira al compás de una carpintería ebria,
Así dejaría de unir pensamiento tras pensamiento, porque de allí no es posible sacar una marcha.
Uno, dos, uno, dos… en posición correcta! 
Las cenizas rondan mi ventana, lloró en ellas la cebra y el camello,
Al igual que las montañas y los transeúntes que veo pasar en madrugadas,
Tres, cuatro, tres, cuatro… descansen! 

viernes, 22 de junio de 2012

Desnudo


En ocasiones es un dolor innecesario, como quien se desprende día a día un poco de piel, hasta quedar desnudo y a merced del mundo.
Ruinas de voces impregnadas del olor de la mañana y susurros… que sin estribos se posan en oídos castos para corromper el cuerpo y tal vez…solo tal vez… el alma.
Estremecimiento… ojos que cambian de rumbo y fin…
Días en blanco y una noche en rojo… luego llega el púrpura... 
Movimientos que destrozan extremidades y tumban de impacto las pequeñas flores del cerezo…
Partículas que caen y otras que nacen…
Una vela consumida en la ventana y una vida encendida en su llama…
Gritos sin eco, porque el aliento se fue en la primera capa de piel… en la noche en que quedó a merced del mundo.