martes, 21 de junio de 2016

Muerte anunciada

Bocas, codos y bocas…
Bocas, espalda y bocas…
Bocas, rodillas y bocas…
Allí están, en medio de la angustia
y estas intersecciones entre vivir y disiparse.

Una completa biblioteca de bocas
estantes repletos de ellas
bocas de almendra
bocas de ron
bocas que gritan
otras que besan
bocas rosas, durazno y marrón.

Existen las que se sostienen con mentiras
otras con aroma a poesía
y a papel mojado por el tiempo.

Bocas que desatan guerras
y unas pocas que emanan luz
traficantes de eso que dicen llevamos dentro
almas un tanto más negras que otras.

Así que siga usted
elija la que bien le plazca
sin importar cuál sea
terminará acompañando
a aquel pez que murió por ella.


Ilustración de Sasha Alekseeva

jueves, 19 de mayo de 2016

La silla coja del bar

Este punto ya no es suspensivo
este camino no es circular
la lágrima de hoy vapor será
y una gota de vinagre humedecerá este ramalazo.

¿Qué puedo decir?
las palabras se ahogaron
en este mar de señales ausentes
en este río de vacías alegorías.

Unas cortas composiciones silábicas
podrían salir de aquí
de esta boca que se siente prestada
y tal vez, con irritante incoherencia diría
el porqué de esta silenciosa despedida.

Este lugar es cálido
huele a menta y almizcle
como quien se confunde
entre la comodidad y el hastío.

Mientras tanto, en la búsqueda fallida
de unas notas que suenen
a tristeza y ceniza
solo puedo levantarme y decir:
- Gracias.
        No podría permitirme enamorarme
        de la canción que más me entristece en este bar.


Ilustración de Aykut Aydoğdue

martes, 10 de mayo de 2016

Devenir de las discontinuidades

A veces soy pájaro, otras veces jaula
a veces soy corpiño, otras veces soy hacha
algunas otras soy pelusa, otras soy guitarra
en ocasiones bailo, en otras, pesco ocasos.

Y así me paso la vida
jugando al devenir de las oportunidades inversas
a la bipolaridad de las circunstancias
a un zigzag de castraciones
a un juglar triste de banca.

A veces me esfumo sin intentar
otras me hundo en la repetición
a veces cargo culpas de edades coloniales
y en otras me olvido de la santidad.

Sin tener respuesta ni conciencia
mientras me baño cada mañana,
pienso al compás de cada golpe de agua
que a veces llego al cielo,
otras veces, como a las 2:00 a.m., me invade el terror de zarpar.


Ilustración de: Livia Fălcaru

viernes, 22 de abril de 2016

Costillas y un recital

Tiempo detenido en un espacio
espacio creado en el contorno de las costillas
costillas encajadas en un cuerpo de luz
luz que brilló en ese preciso espacio y tiempo
en el que las costillas susurraron adiós.

Sé que gritaron amor,
notas que las bocas no lograron parir,
jamás fuimos de palabras en compañía,
prefería pintar tu ombligo con mandalas
mientras mezclabas los dalís,
a fin de cuentas, el elefante de tu brazo
siempre prefirió dormir bajo la flor de mi espalda.

Tu ronca voz retumba acá dentro
y recuerdo la guitarra que no aprendí a abrazar.

Caminamos sobre la línea,
tú seguiste en ella, yo caí dentro,
un giro al sol y es hora de salir,
porque acá dentro es muy frío cuando se está solo,
nuestras costillas gritaron, se aferraron, se tatuaron...
no lograste cruzar y astillaste una que otra.

domingo, 6 de marzo de 2016

He dejado de leerte

Tus palabras no riman más en mi cabeza
el pájaro dejó de cantar a la misma hora
y mis ojos agobiados dejaron de seguir tus líneas.

Tus monólogos ya no acompañan mis cafés nocturnos
y allí en donde abandoné tu historia
las palabras fueron insuficientes para atarme.

Los cantos de los monasterios
me son ahora más atractivos que lo que guardas por contar.

Veo por mi ventana y las gotas golpean con dureza,
es domingo y pesan días de atrás,
pero, aun así, no busco la calidez de tus sonetos,
que más que eso eran himnos, cantos a la sobreactuación.

No hablemos de perdones, ni rencores,
esta pequeña estrofa no ahumará mi corazón,
es solo que he dejado de leerte,
y viajaré por otras líneas, otros mares,
en donde tu puño en tinta no me obligará a zarpar.

domingo, 21 de febrero de 2016

Noches cebra

Aún tiemblan mis manos,
el contorno de mis rodillas
aún es cal
tan blanca y volátil
que solo tus fuentes logran despertar.

Soy greda, tibia y suave,
haz de mí tu torno,
moldéanos, seamos uno
en este grito palpable al soñar,
creemos nacientes de agua
que den vida tras su canal.

Acércate, quiero volverte a respirar,
sonrójame, mientras se rasgan aún más tus ojos
y yo beso tu barba color cal,

sábado, 20 de febrero de 2016

La semilla que crece en mí

Toqué la espuma que nace del mar,
quebré las olas con mis pasos,
y de nuevo volví a estar ausente.

Subí a una casita de madera
grité al espíritu verde
por unas raíces que me sostengan,
por unas alas que eleven mi canto,
por la semilla que crece en mí,
para que llegue a mi alma
y me permita fluir.

Ya no soporto esta existencia en blanco,
mi espíritu verde, guíame,
persigo a la magia de la creación,
anhelo llegar a tu matiz,
despertar y encontrar mi libertad.

Tengo sed de desgranarme en ti,
ser tierra y pintar el fin,
pero antes, mi espíritu,
mueve mis aguas y permíteme sentir,
Límpiame y devélame
para qué existir.