Se desnudó y gritó,
lloró y gritó,
amó y gritó.
Sintió que su pecho se desgarraba como acantilados en deceso… y gritó.
Sus manos parecían ajenas a sus ojos… y gritó.
Sus pies, parecían estar en su sitio, pero tan solo retrocedían en su camino, así que gritó.
En medio de sollozos y un bosque de hierba verde y gris, ella dejó su armadura, pesada, oxidada y carcelaria, sintió frío y vergüenza, estaba sola y desahuciada, sabía que nada volvería a ser como antes, así que alzó su rostro al cielo, gritó en medio de la lluvia y limpió cada unión de su cuerpo, que destiló de su alma y se convirtió en río, ahora su rencor, tristeza y frustración purificaban las plantas.
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